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La UE aceptó
el objetivo de un 8% de reducción; EE.UU. 7% y Japón
6%. Sin embargo, otros países tenían el compromiso
de estabilizar sus emisiones como Nueva Zelanda, Rusia o Ucrania,
o la posibilidad de incrementarlas como Noruega un 1% y Australia
un 8%. Lo mismo sucedió con el reparto que los países
europeos hicieron de su 8% conjunto, permitiendo a España
aumentar las emisiones en un 15%. Como las emisiones reales
de Rusia cayeron con el colapso económico de principios
de los 90, la concesión creó un significativo
excedente de "derechos" de contaminación
(conocido como "aire caliente") que podría
ser vendido al mejor postor.
A pesar de las propuestas
de los grupos ecologistas indicando con una gran variedad
de estudios cómo las naciones industrializadas podrían
fácilmente exceder los modestos objetivos contenidos
en el Protocolo a través de medidas de reducción
solamente, los políticos de algunos países decidieron
que necesitaban mayor flexibilidad para lograr sus objetivos.
Incluyeron en el acuerdo de Kioto mecanismos para el "Comercio
de Emisiones" (posibilidad de comprar excedentes de CO2
a otros países que hayan reducido sus emisiones), un
"Mecanismo para un Desarrollo Limpio" (proyectos
en países en desarrollo por parte de países
industrializados), "la implementación conjunta
(puesta en práctica conjunta entre países industrializados)
y los sumideros (dependencia de los bosques y la vegetación
para absorber CO2).
Estos mecanismos están
pensados para ser "suplementarios" de las medidas
de reducción, pero definir lo que esto significa ha
ocupado a los negociadores durante los últimos años.
Los debates sobre las reglas
para operar los distintos mecanismos ofrecieron más
posibilidades para aquellos que quieren escaparse de sus obligaciones
de Kioto. La Administración Bush decidió no
ratificar el Protocolo de Kioto y los negociadores de su Gobierno
encabezaron un grupo compuesto fundamentalmente por Australia,
Canadá, Japón, Nueva Zelanda y Rusia que buscó
dinamitar el acuerdo para permitirles tomar medidas en contra
y así reducir las emisiones nacionales.
Finalmente, y de acuerdo a
las últimas negociaciones, Canadá, Japón
y Nueva Zelanda decidieron ratificar este acuerdo internacional.
EEUU, a través del petro-adicto George W. Bush y a
pesar de haber participado en todas las negociaciones intentando
bloquear el proceso, decidió autoaislarse en la lucha
contra el cambio climático, secundado por Howard, otro
presidente del talante intelectual del presidente norteamericano
que gobierna Australia. Tras la ratificación por parte de Rusia en septiembre de 2004 el Protocolo de Kioto se convienrte así en Ley internacional. Poniéndose en marcha todos los mecanismos existentes
en él. Por el momento, la UE ha desarrollado ya una
serie de directivas con el objeto de comenzar a reducir nuestras
emisiones tan necesarias como urgente.
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